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La Venganza es el Placer de los Dioses PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Viernes, 22 de Julio de 2011 04:11

La Venganza es el Placer de los Dioses

Mickey Mouse, Eguibar --tío de Alberdi, Cacharritos, actual ayudante de intendente en Dania-- fue un tipo muy simpático y acaparador de múltiples anécdotas. Esta que se relata fue publicada en la revista CANCHA el 22 de julio de 1950, ya ha llovido desde entonces.

"Cuando veníamos de Brasil a Miami por vez primera, apostilla Eguibar, hicimos el viaje en un soberbio trasatlántico americano. Viajábamos juntos un grupo numeroso de pelotaris, pero sumados los conocimientos del idioma del inglés de todos nosotros, daba como resultado una palabra: ¡yes!

A la hora de la comida, empezó nuestra tragedia. El menú, redactado en el más correcto y shakesperiano de los idiomas, no había manera de entenderlo y en el barco no había nadie que nos entendiera a nosotros. Tomé a mi cargo la manutención de los muchachos, y dándomelas de sabihondo vi un títulito en el que  leí "soup" y se lo señalé al camarero. "Esto para empezar --les dije a los muchachos, dándome bastante importancia-- Y después, nueva ojeada por la carta-- esto, y después esto"…

Tomó nota el camarero y comenzó el servicio. La sopa era excelente. Nos miramos unos a otros y, felices y esperanzados, esperamos al segundo plato. "Otra sopa… Y como tercer plato, ¡otra sopa! Tanto alborotamos que el camarero, que se reía por lo bajo de nosotros, se convirtió en nuestro aliado y, por señas, nos decía cuales eran los mejores platos a elegir.

Cuando era pollo, nos decía: ¡Ki,ki,ri,kí! Cuando era pescado, hacía como que nadaba. Cuando era carne de carnero, nos decía ¡Beeee!, si era carne de res, mugía como un Mihura. Gracias a las buenas artes de aquel señor para interpretar todos los ruidos de los animales de la tierra, fuimos comiendo. Pero a mí, que era el mejor traductor de imitación, me entraron ganas de de vengarme de quienes no hablaban español. Y un día, a la hora de la cena, cuando el camarero quiso explicarnos que había un estupendo guiso de liebre, y empezó moviendo sus manos a guisa de orejitas vivaces, para acabar dando brincos por el comedor, yo, que desde el primer momento supe lo que quería decir, tuve a aquel pobre hombre dando saltos por espacio de media hora…

Y es que la venganza es el placer de los dioses...

Última actualización el Domingo, 24 de Julio de 2011 10:27
 

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