|
Picando cebolla... en Bali
Juan I. Zulaika
Estaba yo picando cebolla el pasado domingo para el arroz del mediodía cuando entra mi mujer en la cocina y, sin más, me suelta: "Oye, ¿qué te parece si nos vamos a vivir a Bali…? Me quedo paralizado, cuchillo en mano en el aire. Reacciono y me dice una vocecita interna: "¡coñóó…! qué pasa aquí" . Antes de esta escena mi mujer ha hecho su incursión matinal por internet: instant results de las quinielas de Dania, paseíllo por facebook, e-mails etc. "Es que acabo de entrar en el blog de Nagore" --a todo esto Nagore es una chica de Hernani que dejándolo todo, trabajo, familia, amigos se marchó a Bali en busca de paz y tranquilidad, sobre todo huyendo de la vorágine en la que se vive en el mundo occidental-- " y nos cuenta cómo ha encontrado la paz en las costas de Bali, más bien cómo se ha reencontrado a sí misma, lleva una dieta natural, paseos descalza por la playa y parece ser que incluso se ha involucrado en una ONG local…"
"Cómo me gustaría irme a vivir a un sitio así. ¿Por qué no vendemos todo y nos vamos a un sitio así?", me suelta así, sin más, mi pareja.
Yo qué voy a hacer, le sigo la corriente. (carraspeo) "Sí, oye, es una buena idea, vendemos el piso, todo, y nos vamos a Bali", procuro ser lo más nice posible, por dentro pero, muy poco convencido. Sigo picando la cebolla. El lagarto -esa vocecita interna instalada en la nuca que nos acompaña desde los tiempos de las cavernas cuya misión es advertirnos de los peligros, de no tomar decisiones que entrañen novedades, de ningún tipo, en definitiva de acobardarnos-- me empieza a clavar el punzón. "Qué coño vas a hacer tú en Bali? A punto de cumplir 55 tacos y te vas a ir a vivir a Bali? ¿Tú sabes de qué carajo te está hablando...?". Ya empiezo a sentir el efecto de los "consejos" de mi odiado compañero de viaje, éste que jamás te abandona y encima nunca duerme.
"Además", sigue mi mujer con su discurso (le brillan los ojos, el timbre de voz es alegre y la voz suena algo aflautada)-- yo siempre he tenido vocación de misionera"… Mi mano vuelve a quedarse suspendida en el aire, inmóvil. "Sí, sí, hay que cumplir con los sueños, total sólo se vive una vez", le digo. Cuando a una mujer se le mete algo entre ceja y ceja ¡ojo!, empieza a hacer el equipaje… Ya me veo en Bali, paseando por la orilla del mar con Gildo, de Tolosa, que vive por allí ¿no? hablando de la época del Beotibar, de Elizondo, del frontón Madrid y de cómo Marisol, la cantante, les visitó en cierta ocasión. Ya me veo paseando por la playa en Bali en bolas o en taparrabos porque allí andan así ¿no? (lo que hacen los prejuicios de una mente occidental corta como la mía), ya me veo con el pelo, lo queda de él, la melena hasta la nuca y además si me dejo barba pareceré un gurú de esos, una versión de personaje del Greco en oriental. Puedo retomar incluso mi dieta vegetariana y mis ejercicios de yoga y escribir poemas en algún dialecto local. Ya me veo haciendo zanjas para tuberías en un proyecto para una ong de Granollers… Igual me hago musulmán y me cambio hasta de nombre: In-Ah-Sió Su-Lehi-Khá.
"Oye, para, para,no te hagas el graciosillo. Pero tú, vamos a ver", me dice la voz interior del lagarto, bastante cabreado. "Tú estás chalado o qué. Qué coño vas a hacer tú en Bali. Vas a renunciar a tus partidos de golf los sábados por la tarde, la cenita posterior con tus amigos, tu traguito de cardenal mendoza. Y qué vas a hacer con tu blog. Te crees que en Bali te vas a conectar así como así a internet. Y si lo haces de qué vas a escribir, de los tiempos de Tampa y lo bien que se vivía, vas a asquear a todo el mundo hablando siempre de la misma mierda, a quién demonios vas a entrevistar allí en Bali si no es a Gildo, eh! y después qué, a quién?".
Sigo picando cebolla, los ojos llorosos, cabizbajo, la voz del jodido lagarto y la de mi mujer resuenan en mis oídos y en mi interior. Conflicto de intereses, de momento empate técnico. "Sería fantástico, los dos paseando por la orilla de la playa, envejeciendo juntos en una isla paradisíaca".
"Lo dejarías todo. ¿serías capaz de marcharte a una isla que vete tú a saber, hará un calor del carajo y luego estarán los mosquitos… y no creas que allí vas a encontrar campos de golf… ni cardenal mendoza, ni internet ni nada"…!
Sigo picando cebolla, cabizbajo, silencioso y los ojos llorosos.
P.D. Han pasado varios días, de momento no hay noticias sobre el tema, el viaje, la mudanza a Bali, pero con las mujeres nunca se sabe… De momento sigo picando cebolla en Donosti, no en Bali; Gildo tendrá que esperar. |
Comentarios
Saludos
Muy bueno tu post, me he reido mucho.
Un abrazo y prometo leer tu blog en adelante.